Día internacional de la prevención del suicidio. Comunicado del GT Prevención, intervención y posvención de la conducta suicida de la SEPC.
Día Internacional de la Prevención del Suicidio – 10 de septiembre de 2025
El próximo 10 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Suicidio, una jornada promovida por la Asociación Internacional de Prevención del Suicidio (IASP) y el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde la Sociedad Española de Psicología Clínica (SEPC-ANPIR) y su Grupo de Trabajo de Prevención, Intervención y Posvención de la Conducta Suicida, queremos sumarnos a esta cita global con un mensaje firme y esperanzador: los suicidios pueden prevenirse y la prevención es tarea de todos.
El impacto del suicidio: una emergencia silenciosa.
Cada año, más de 720.000 personas mueren por suicidio en el mundo, y en España son más de 4.000 las vidas que se pierden anualmente, una media de 11 personas al día. Detrás de cada fallecimiento hay familias, amistades y comunidades enteras golpeadas por un sufrimiento profundo. Sin embargo, pese a su magnitud, el suicidio sigue siendo una realidad invisibilizada y estigmatizada. El silencio, los mitos y los prejuicios dificultan que las personas pidan ayuda y limitan el desarrollo de políticas públicas eficaces. Por eso, el 10 de septiembre constituye una oportunidad única para romper ese silencio, visibilizar la magnitud del problema, sensibilizar a la ciudadanía y reclamar compromisos reales a los poderes públicos.
Una mirada integral al fenómeno suicida.
El suicidio es un fenómeno multidimensional y complejo. No puede reducirse a la mera presencia de un trastorno mental ni a explicaciones biologicistas. La conducta suicida está profundamente condicionada por determinantes sociales, políticos, culturales y económicos: la desigualdad, la precariedad laboral, la violencia de género y toda situación traumática como catástrofes naturales y en especial, aquellas causadas por otras personas (acoso laboral o escolar), el racismo, la soledad no deseada, la exclusión social o la falta de oportunidades son factores que generan vulnerabilidad y sufrimiento.
Superar el reduccionismo exige comprender el suicidio como un problema social y de salud pública. La prevención debe construirse no solo en el sistema sanitario, sino también en escuelas, universidades, entornos laborales, comunidades, medios de comunicación y políticas públicas.
Políticas públicas y planes de acción.
Desde la SEPC-ANPIR hacemos un llamamiento urgente para que se cumplan y doten de recursos los planes autonómicos de prevención del suicidio y el Plan de Acción de Prevención del Suicidio 2025-2027, recientemente publicado por el Ministerio de Sanidad y en el que nuestro coordinador del grupo de trabajo ha formado parte de su grupo motor ejecutivo. No basta con redactar documentos, es imprescindible contar con recursos humanos, técnicos y presupuestarios, con mecanismos de evaluación y con una verdadera coordinación entre comunidades autónomas.
La prevención del suicidio debe convertirse en una prioridad de Estado. Ello implica garantizar programas de detección precoz, acceso ágil a apoyo psicológico en todos los niveles del Sistema Nacional de Salud, dispositivos comunitarios de atención en crisis y programas específicos para colectivos vulnerables como adolescentes y jóvenes, personas mayores, población LGTBIQ+, personas en privación de libertad o quienes padecen enfermedades crónicas.
El papel fundamental de la Psicología Clínica.
Reivindicamos el papel esencial del Psicólogo/a Especialista en Psicología Clínica (PEPC) en el Sistema Nacional de Salud. Estos profesionales, con una formación altamente cualificada, resultan imprescindibles en todas las fases de la prevención del suicidio. Su labor comienza con la detección precoz del riesgo en distintos niveles asistenciales —Atención Primaria, Urgencias y dispositivos de Salud Mental— y continúa con la intervención en crisis, ofreciendo apoyo psicológico especializado en los momentos de mayor vulnerabilidad. Además, desempeñan un rol clave en el acompañamiento terapéutico comunitario, garantizando la continuidad de los cuidados y reduciendo el riesgo de recaídas. A ello se suma el diseño y la implementación de programas preventivos adaptados a poblaciones especialmente vulnerables, así como la atención en la posvención, brindando apoyo emocional a familiares, allegados y también a los profesionales impactados tras una pérdida por suicidio. Su presencia es, por tanto, indispensable para garantizar una respuesta integral, humana y eficaz ante la conducta suicida.
Reforzar la Psicología Clínica en la sanidad pública, garantizar ratios adecuados y ampliar su papel en la comunidad son condiciones indispensables para una prevención eficaz del suicidio. La formación vía PIR, altamente selectiva y rigurosa, asegura la capacitación científica y ética necesaria para abordar con calidad la conducta suicida. Solo con una adecuada planificación de plazas y una integración real de estos especialistas en todos los niveles del Sistema Nacional de Salud podremos garantizar una atención equitativa y efectiva en todo el territorio.
Cambiar la narrativa, sumar esfuerzos.
La IASP nos recuerda que este día es también un espacio para cambiar la narrativa sobre el suicidio: pasar del silencio al diálogo, de la estigmatización a la empatía, de la invisibilidad a la acción comunitaria.
Esto implica, en primer lugar, fomentar la conciencia y la comprensión: abrir conversaciones honestas sobre el suicidio, derribar los mitos que lo rodean y normalizar la petición de ayuda como un derecho legítimo y necesario. Hablar del suicidio de forma clara y responsable es un paso imprescindible para combatir el estigma y favorecer que las personas se sientan acompañadas en su sufrimiento.
Es fundamental promover la acción comunitaria y el compromiso social, desarrollando iniciativas locales y nacionales que fortalezcan la prevención. Estas acciones pueden incluir campañas de sensibilización, programas de educación y actividades simbólicas que sirvan para visibilizar y unir a la comunidad, como el encendido de velas o la organización de actos comunitarios de recuerdo y apoyo.
Finalmente, la prevención del suicidio exige responsabilidad compartida. Gobiernos, instituciones, medios de comunicación, asociaciones y ciudadanía deben trabajar juntos en una misma dirección, sumando esfuerzos y recursos en torno a un objetivo común: salvar vidas y reducir el sufrimiento evitable.
El compromiso de la SEPC-ANPIR.
Desde el Grupo de Trabajo de Prevención, Intervención y Posvención de la Conducta Suicida reafirmamos nuestro compromiso con la sociedad. Nuestro primer objetivo es visibilizar y sensibilizar sobre la magnitud del suicidio y el impacto que genera, situándolo en la agenda pública y política como una prioridad de salud y de derechos humanos. También trabajamos para combatir el estigma, promoviendo una verdadera alfabetización en salud mental y prevención, que permita a las personas hablar sin miedo y pedir ayuda sin vergüenza.
Del mismo modo, impulsamos la generación y difusión de conocimiento científico en el campo de la prevención del suicidio, contribuyendo a que la práctica clínica y las políticas públicas se fundamenten en la mejor evidencia disponible. A ello sumamos el compromiso de desarrollar buenas prácticas y protocolos rigurosos, adaptados a las necesidades de diferentes contextos y colectivos, con el fin de garantizar intervenciones eficaces y seguras.
Nuestro trabajo también se orienta a impulsar la humanización y la innovación en la atención a las personas en riesgo, favoreciendo un abordaje integral que combine profesionalidad, sensibilidad y cercanía. Finalmente, asumimos la tarea de asesorar a los medios de comunicación y a las administraciones públicas para avanzar hacia una prevención, intervención y posvención más responsables, coordinadas y efectivas.
Un llamamiento colectivo.
Este 10 de septiembre recordamos a quienes ya no están, acompañamos a quienes sufren la pérdida y nos comprometemos a apoyar a quienes hoy viven en riesgo. La prevención del suicidio exige valentía política, rigor científico, inversión en recursos y sensibilidad humana. El mensaje es claro y esperanzador: los suicidios pueden prevenirse. Cada vida cuenta. Cada persona importa. Cada acción suma. Hoy, más que nunca, necesitamos una sociedad que ponga la vida en el centro.
Miguel Guerrero Díaz
Coordinador del Grupo de Trabajo de Prevención, Intervención y Posvención de la Conducta Suicida. Sociedad Española de Psicología Clínica (SEPC-ANPIR)
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