Ser atendido en el Centro de Salud Mental (CSM) de Móstoles por un psicólogo clínico puede resultar imposible si el Médico de Atención Primaria hace esa derivación en verano. Lo habitual es que haya que esperar varios meses para que los personas derivadas a Psicología Clínica desde las consultas de Atención Primaria sean atendidas en el CSM de Móstoles, esto es así por la endémica falta de dichos profesionales.

Ante la llegada de las vacaciones de verano, los responsables de dicho Centro decidieron cambiar las citas de al menos 139 pacientes en espera de ser atendidos por un psicólogo clínico por indicación de su Médico de Atención Primaria. Estos pacientes están siendo atendidos por un psiquiatra contratado ex profeso durante agosto y septiembre con el fin de dar altas precoces y, en la práctica, sustituir el tratamiento psicológico indicado por un tratamiento farmacológico.

Al tener conocimiento de esta situación, desde la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR), como asociación comprometida con la calidad y mejora de la atención a la salud mental, hemos escrito al jefe del CSM y al equipo gerencial y jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Móstoles, de quien depende el CSM, sin que hayamos recibido respuesta ni una corrección de la medida. Consideramos que esta situación atenta, por un lado, contra el criterio del Médico de Atención Primaria al corregir, sin justificación clínica, el acto del facultativo que ha valorado al paciente y, por otra parte, contra el paciente mismo que deja de recibir la atención indicada, que está incluida en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud. Esta decisión agrava la infradotación de psicólogos clínicos en los servicios de salud mental al invertir los recursos que deberían destinarse para la contratación de estos especialistas para la contratación de otros en condiciones de precariedad.

Finalmente, desde ANPIR queremos recordar que, según en las principales guías clínicas, el tratamiento psicológico es el tratamiento de elección para los trastornos de salud mental más prevalentes (trastornos de ansiedad y depresivos) y que su coste, a largo plazo, es inferior al del tratamiento farmacológico para estos trastornos.